Tijuana Innovadora 2020 fungió como foro para, de viva voz, dar un recorrido a través de la trayectoria del escultor mexicano Jack Winer

En el marco de las actividades del magno evento digital promovido por José Galicot, Tijuana Innovadora 2020, Tijuana Es el Futuro, se llevó a cabo “Jack Winer. Momentos: Una retrospectiva a su obra escultórica”, donde el propio arquitecto, escultor y miembro del Paseo de la Fama, junto a Roxana Velásquez, directora ejecutiva del Museo de Arte de San Diego y el artista Yishai Jusidman, compartió y explicó un poco de su trabajo realizado durante ya más de 60 años.

Nacido en la Ciudad de México en 1938, Jack es parte de la primera generación Winer que emigró a México a inicios de la década de 1930 provenientes de Bielorrusia.

Graduado de la Escuela Nacional de Arquitectura, Jack se declara seguidor del movimiento artístico Bauhaus, además de ser inspirado por escultores como Constantin Brâncuși, Henry Moore, Arnaldo Pomodoro, Pedro Miguel de Cervantes y Sergio Castillo.

“Mi camino en la escultura comenzó a muy temprana edad jugando con plastilina; Como a los 12 años pinté imágenes danzantes en las puertas corredizas de mi recámara, situación que, por supuesto, me llevó a ser fuertemente regañado por mis padres”, confesó entre risas.

Comentó que su primera pieza fue realizada jugando con alambrón, material con el que construyó una serie de candelabros modulares que podían entrelazarse para conformar un candelabro completo, mismos que mandaría a hacer en plata.

Posteriormente, fue Alberto Misrachi, primer corredor de ate de Diego Rivera y Frida Khalo y en ese entonces vecino de Jack, quien lo inició en la fundición de bronce tras ver su afición por trabajar con la plastilina.

Durante su trayectoria, Jack Winer ha creado tanto piezas pequeñas como de gran formato, incluyendo arte público, trabajado con materiales como el bronce, el acero, el hierro y la lámina, expresando siempre su gran fascinación por las esferas, las mujeres y las nébulas.

Entre su obra más conocida resalta El Histrión, pieza donada por Tijuana Innovadora en 2010 al Centro Cultural Tijuana (CECUT) que está hecha por plata gruesa y 138 chorros, cada uno iluminado con un pequeño foco led, los cuales al subir y bajar el chorro crean una sensación de aplauso general.

 

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